El silencio en terapia: cuando callar también es intervenir

El silencio en terapia: cuando callar también es intervenir

el silencio en terapia

En una sociedad marcada por el ruido constante, la rapidez y la necesidad de respuesta inmediata, el silencio suele vivirse como algo incómodo, incluso amenazante. Esta incomodidad no desaparece al entrar en consulta.

Tanto pacientes como terapeutas pueden sentir la urgencia de llenar los silencios con palabras, interpretaciones o preguntas. Sin embargo, desde la psicología clínica, el silencio en terapia no es una ausencia, sino una herramienta terapéutica de gran valor.

El silencio en terapia es una forma de comunicación no verbal. No se trata de un vacío, sino de un espacio en el que la experiencia emocional puede desplegarse sin ser inmediatamente traducida en palabras. En muchas ocasiones, lo que el paciente necesita no es hablar más, sino sentir y conectar consigo mismo. Es por esto que el silencio permite que la vivencia se asiente e integre a un nivel más profundo.

Por otra parte, a nivel interno, el silencio favorece la regulación del sistema nervioso, favoreciendo que pueda disminuirse la estimulación externa, y reduciendo la sensación de estado de alerta.

Cuando muchas personas afirman “no saber relajarse”, en realidad en gran parte, lo que ocurre es que muchas de estas presentan dificultades para tolerar el silencio interno

No todos los silencios son iguales.

Existen silencios de reflexión, de tristeza, miedo o rabia aún no verbalizada; y silencios defensivos, que pueden señalar evitación, bloqueo o resistencia… y ahí radica la importancia del rol del terapeuta pues este no deberá romper de forma automática el silencio, sino en observarlo, comprender su función y decidir, con sensibilidad clínica, si es necesario sostenerlo o intervenir.

En el contexto terapéutico, sostener el silencio también es una forma de presencia. A veces, el mayor impacto terapéutico no proviene de una interpretación brillante, sino de un silencio compartido que permite que algo nuevo emerja. Pero, el silencio también requiere formación, pues no se trata de callar por inseguridad, sino de elegir conscientemente no hablar cuando hacerlo interrumpiría un proceso interno valioso.

En poblaciones como las personas mayores, el silencio adquiere un significado particular. La reducción de estímulos, roles y relaciones puede hacer que el silencio se viva como soledad o vacío. En terapia, ofrecer un espacio donde el silencio sea seguro y compartido puede ayudar a resignificarlo como un lugar de integración vital, memoria y sentido.

Es por esto que en un mundo que no se detiene, quizás la terapia sea uno de los pocos espacios donde el silencio no se evita, sino que se cuida.

 

Diego Martínez es psicólogo clínico en Red Cenit

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